Los mayas tenían razón

ADOLFINA GARCÍA

  • Crónica de cómo está el mundo… tras el fin del mundo.
  • Destrucción y caos por doquier tras haberse cumplido la profecía.

Fin del mundo

El fin del mundo ha llegado. Pese a los mensajes de tranquilidad que la NASA había estado enviando a la población, la profecía de los mayas se ha cumplido con espeluznante puntualidad y, al filo del mediodía (hora española), una mortífera combinación de terremotos, huracanes y meteoritos ha comenzado a golpear a nuestro planeta.

“Llevamos meses aguantando las burlas de nuestros vecinos por ser previsores y hacer acopio de agua potable, generadores eléctricos, alimentos enlatados y mantas”, explicó a medios locales un granjero de Utah (EE UU), alzando la voz para hacerse oír en medio del vendaval, minutos antes de encerrarse en su búnker con su esposa, hijos y nueras, un par de rifles y abundante munición. “Ahora, cada cual recogerá lo que ha sembrado. Si alguien intenta asaltar nuestro refugio, lo coseré a balazos”.

Pero son pocas las familias a las que el apocalipsis ha cogido debidamente pertrechadas. En España (donde la proximidad del fin del mundo, lejos de inquietar a la población, no pasaba de ser una anécdota divertida que comentar la hora del aperitivo), el fin ha sorprendido a muchos en centros comerciales, repletos como siempre en vísperas de Navidad. En las tiendas que no han quedado directamente reducidas a escombros se están desatando ya sangrientas escaramuzas por el control de los suministros de alimentos, según han explicado varios testigos a este periódico. “Al principio la situación era de pánico y desconcierto, pero a medida que ha ido avanzando el día han comenzado a llegar grupos semiorganizados, armados y muy violentos, que saquean la tienda en busca de comida, combustible y ropa de abrigo”, relató con un hilo de voz la dependienta de un conocido hipermercado de Sanchinarro, en la periferia de Madrid, antes de que este periódico perdiera definitivamente la comunicación con ella.

En numerosos puntos de la capital se han abierto inmensos socavones allí donde los túneles del metro y la M-30 se han acabado desplomando. El río Manzanares ha registrado una crecida sin precedentes que ha causado importantes daños personales y materiales, una situación que se ha repetido en otras ciudades ribereñas como Sevilla, Zaragoza o Córdoba.

Aún así, las zonas interiores de la península han sido las más afortunadas: todo apunta a que las islas y ciudades costeras han quedado

Fuente: 20 minutos
Para más información: Los mayas tenían razón

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